Durante la navegación por el río Calle Calle, en un crucero fluvial o en góndola, se pasa frente al mercado fluvial, un colorido lugar de encuentro de turistas con personajes locales que ofrecen lo más fresco en productos marinos, frutas y verduras. Asimismo, se observan los famosos lobos marinos que desde hace un tiempo se establecieron en la costanera. Pese a su gran tamaño y volumen, –los machos pesan 250 kilos y comen cerca de 15 kilos de pescado al día– no suelen ser agresivos a menos que sean provocados.
A medida que se avanza, el paisaje va cambiando, internándose en un frondoso bosque, eternamente verde, conocido como la "selva valdiviana". De a poco la ciudad desaparece y se observa el astillero del río Calle Calle, la isla Teja, la Universidad Austral, el jardín botánico –con más de 10 mil especies– y la casa de Carlos Anwandter, uno de los primeros colonos alemanes en arribar a la zona y fundador de la antigua cervecería Anwandter.
Tras abandonar Isla Teja, se emprende rumbo a Corral y la Isla de Mancera, desde donde se avistan sus antiguos fuertes. En este punto el río cambia de nombre y pasa a llamarse como la ciudad. Al final del trayecto, se ve la embarcación El Canelo sobre la tierra, recordando los efectos del maremoto de 1960.
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