100 horas en Chiloé - sabor regional en el archipiélago austral de Chile

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Con el itinerario que te sugerimos, podrás planificar un viaje inolvidable de cuatro días a la isla de Chiloé. 100 horas es el mínimo que requiere un turista express para vivir un poco del encanto de esta especial isla.

Cuando estés allí, asegúrate de probar la cazuela chilota, uno de los más famosos platos de la región, y el tradicional curanto que funde los sabores de la tierra y el mar de este aislado archipiélago.

Dalcahue y sus productos locales

Esta histórica ciudad es el mejor sitio para adquirir ese suéter con el que sueñas al estilo chilote, tejido en telares tradicionales con gruesa lana de oveja teñida con plantas y raíces. El mercado artesanal de la ciudad está menos centrado en la industria del souvenir y pone en vitrina productos genuinos con historia, lo que lo convierte en sitio favorito para los que valoran el buen diseño tradicional. Los interesados en tejer sus propias cosas encontrarán aquí gran cantidad de lana hilada a mano y teñida naturalmente. Los precios bordean lo $6.000 el kilo y hay una diversidad de tonos para elegir.

En una construcción de madera con forma de barco y linda vista a la bahía encontrarás una serie de pequeños restaurantes (cocinerías) que ofrecen platos tradicionales. Instálate en la barra de la cocina que más te seduzca y prueba una empanada de mariscos o una humeante cazuela chilota. La cazuela es una variante regional del famoso plato que te han ofrecido en la zona central de Chile, con mejillones o carne, zapallo (calabaza), papas, verduras de temporada y fideos.

Castro y los palafitos

La mayor ciudad de Chiloé es apenas una pincelada del movimiento y bullicio en medio del paisaje rural que caracteriza la isla. Los viajeros que llegan tras un alojamiento de lujo y privilegios del siglo XXI, como cafés con Internet y servicio telefónico, estarán más contentos en Castro, donde la peculiar arquitectura isleña es casi lo único que les recordará que no están en Chile continental.

¡Y vaya que distinta es su arquitectura! La bahía está llena de palafitos de madera y casas encaramadas sobre pilotes que parecen elevarse a una altura inalcanzable cuando la marea está baja y parece estar apenas sobre el agua cuando la marea está alta. Estos palafitos son una de las imágenes icónicas de Chiloé, y varios han sido acondicionados para ofrecer alojamiento a los turistas.

Comienza tu recorrido en la plaza principal, pasa por el museo regional en calle Esmeralda y echa un vistazo a la Iglesia San Francisco, un magnífico ejemplo del estilo arquitectónico local que ha hecho famosas a las iglesias de Chiloé. También puedes caminar hasta el Mirador de Gamboa desde donde tendrás una de las mejores vistas de Castro, con un paisaje de coloridos palafitos contra el azul profundo de la bahía.

Cucao y el Parque Nacional Chiloé

Cuando Darwin arribó al archipiélago de Chiloé en 1834, fue en el sector de Cucao donde pasó la mayor parte de su tiempo. El telón de fondo con su interminable playa y bordeada de vegetación nativa hacen de este sitio un lugar encantador para dar un paseo o armar un picnic. Cucao también es donde podrás abastecerte antes de ingresar al Parque Nacional Chiloé.

En el Parque Nacional Chiloé encontrarás dunas, selva valdiviana, turberas y pantanos. Los excursionistas deben estar preparados con chaquetas, zapatos y pantalones impermeables, incluso en el verano. En el puesto de guarda parques en la entrada de Cucao hay un museo de historia natural de la región. Si requieres orientación, te ofrecerán asesoría y mapas.

¿Tiempo extra en el archipiélago?

Chiloé ofrece una diversidad infinita de rincones y panoramas para explorar fuera del camino habitual. Entre las alternativas podrás participar de una excursión de un día a una de las islas más pequeñas, como Curaco de Vélez (cerca de Dalcahue) o Mechuque (cerca de Castro). Un emprendimiento agroturístico comunitario cerca de Ancud y Dalcahue te dará la posibilidad de acampar en una granja familiar y aprender sobre las tradiciones agrarias de la región.

 

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